¿Qué es el cloroformo?

El uso de cloroformo como anestésico fecha de 1847, pero casi inmediatamente después, surgió la preocupación por la salud de los pacientes que fueron dormidos con cloroformo.

En 1848, una paciente murió porque su corazón estaba en fibrilación mientras estaba dormida con cloroformo y el uso continuado de la droga sólo consolidó el vínculo entre el cloroformo y los eventos cardíacos.

En el siglo XX, el cloroformo fue abandonado en favor de medicamentos más seguros y más baratos, y hoy en día ha sido sustituido por anestésicos como el halotano, isoflurano y sevoflurano, entre muchos otros. Cuando se requiere anestesia menos costosa, como es el caso de países pobres, se prefiere el éter sobre el cloroformo. El éter es un anestésico mayor.

Los efectos del cloroformo sobre el cuerpo humano, además de la inducción de la anestesia, incluyen daños en el hígado, los riñones y el corazón. Si la piel está expuesta a cloroformo líquido, se irrita y se forman llagas. La mayoría de los organismos que se ocupan de la salud consideran el cloroformo como una toxina y sugieren que los trabajadores que están expuestos a ella debe usar protección para la piel y la cara.

La inhalación de cloroformo se debe evitar, aunque en algunas zonas la gente sin darse cuenta puede consumirlo porque el cloroformo a veces aparece en pequeñas cantidades en el agua clorada.

El cloroformo puede encontrarse fácilmente en el agua y cuando se expone al oxígeno y la luz solar, ocurre una reacción química que forma el fosgeno, un gas tóxico. Si el cloroformo se expone al aire libre, el fosgeno se descompone y en última instancia, llegar a ser inofensivo, pero en espacios cerrados puede ser muy peligroso: además de su uso en los procesos de fabricación modernos, el fosgeno ha tenido un uso histórico como arma química letal en la Primera Guerra Mundial. En el agua subterránea, el cloroformo se acumula y tarda mucho tiempo en desaparecer, porque no es fácilmente soluble en agua.

Por esta razón, la mayoría de las agencias ambientales establecen los niveles de seguridad de contenido de cloroformo, por lo que el agua puede ser evaluada de forma periódica para ver si es o no es una amenaza para los consumidores.